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Fernando Villegas

Ruego a Ud. Tenga la bondad de irse a la Cresta

Ruego a Ud. Tenga la bondad de irse a la Cresta

Fernando Villegas – Chileno

El << Modelo >>, es decir, la sociedad capitalista desatada en toda su frecuente ferocidad, inequidad, banalidad, desigualdad y brutalidad, se ha apernado por largo tiempo.

El cuesco Cabrera, arrogante, ambicioso, trepador, con deseos de fundirse en las clases aristocráticas más tradicionales, y con un sentimiento hiperventilado de su propia importancia.

El momento culminante de prestigio y glamour, 1950 y 1965. El centro era principalmente de propiedad de la <<Gente decente>>. Hoy, cincuenta años después, se agregó una completa y variada fauna, un caleidoscopio de putas y meretrices, travestis, y cantantes populares, mendigos de todo tipo, acróbatas, vendedores ambulantes, narcotraficantes, lisiados, peruanos y peruanas en busca de pega, escolares con el pantalón a medio culo, pokemones, oscuros oficinistas y empleados de tiendas y “caracoles” de tercera categoría, bancarios, suches de notaría, en fin, las innumerables e indescriptibles variedades zoológicas de una sociedad más compleja, más invasiva, más democrática, más vulgar y más chanta.

Negritos de Harvard, se los define con  títulos universitarios y a veces también contactos y/o dinero suficiente para ir a Estados Unidos a comprar un postgrado. Así acceden al Olimpo del mundo profesional.

De otra forma nos salta el nuevo concepto del mercado, Cortar la grasa significa, como ya sabemos, echar gente o rescindir contratos para rehacerlos en condiciones inferiores. Cortar la grasa es cortar cabezas, cortar beneficios sociales y cortar servicios.

Mantequilloso, es la ufana arrogancia que nace inevitablemente de ese sentimiento de superioridad y  poder. Acostumbrados a pasarnos por encima únicamente por el hecho de que tienen más dinero, terminan creyendo que esa capacidad de atropellar es de origen y derecho divino. No toleran ningún obstáculo, demora, trámite.

<< El paradigma de la palabra ha sido, o será reemplazado por la imagen … >>

Flaite es el roto reciclado; no es humilde, sumiso, respetuoso o temeroso de la ley y la autoridad, siempre cabeza gacha como su abuelo y bisabuelo. El Flaite es al contrario un tipo parado en la hilacha, agresivo, bullicioso, y absolutamente desprovista de toda jerarquía.

Referimos al actual y desorbitado culto del cuerpo, del fitness, del <<verse y sentirse bien>>. Los jóvenes griegos iban al gimnasio como parte de su educación cívica. La actividad física que se vende hoy no responde a una necesidad de polis, a un deber cívico, sino a un anhelo personal, individual, egotista y narcisista.

Este culto al físico es resultado, pero también agente causal, de una cultura consumista centrada en grado superlativo o en la apariencia. El hombre y mujer exitosos han de ser  parecer jóvenes, saludables, bellos, atractivos y sexualmente interesantes.

¿De qué habría de reflexionar si ha alcanzado el paradigma absoluto de la felicidad?

¿Y qué hay de común entre esas variedades humanas de Providencia y los habitantes de La Dehesa? Los une y los acerca una sola y fundamental cosa: Todos, desde lo que están en el umbral mismo de esa pobreza que se disimula tras muebles y aperos de mejores tiempos - ¡Pero qué pobre ya la mesa, la pitanza diaria, qué difícil conseguir esos remedios! – Hasta los nuevos ricos que se atrincheran en los  más alejados barrios caros de Santiago, todo son por igual parte integral del sistema, miembros del número-. De la sociedad oficial y sus valores son lo que se denomina “gente decente”.

El barrio alto es un espacio heterogéneo y vacilante. El “pequeño burgués” promedio del barrio alto experimenta un destino incierto que lo obliga a vivir permanentemente en un estado de angustia declarada o en sordina y a la que a menudo combate con antidepresivos. Es, en la mayoría de los casos, un ser completamente dependiente y endeudado en un 150%, salvo que sea jubilado y viva entonces independiente pero endeudado al 300%. El primero es lo que es en su calidad de empleado de otros, de quienes su suerte y carrera dependen. Vive en un mundo en el que controla muy pocas variables. Vive repletos de deudas para mantener su condición, los dividendos de su vivienda,  las cuota del auto, la colegiatura de los hijos, el instituto o spa al que asiste su mujer, las vacaciones en un lugar aceptable, su vestuario, en fin, muere todos los días para seguir viviendo mañana de acuerdo a un estilo de vida que debe al menos flotar al nivel de la decencia decorosa.

La vida del escritor. Sus cultores se enfrentan en la misma cancha y con las mismas reglas, de modo que las jerarquías surgen naturalmente, de manera implacable, del frío y contundente score; puede envidiarse a quien nos supera, odiárselo incluso por habernos superado, pero al menos hay un rincón tranquilo en el alma, y es el de la certeza de que ha habido justicia. <<Nos ganaron bien>>

No es así con la literatura, donde no existen varas de medidas objetivas. No lo es el mercado, que bien puede premiar una basura; no la hay en los críticos, quienes suelen ser juez y parte interesada siendo como son, ellos mismo, escritores en busca de su propia porción.

El travesti  llegó con fuerza al mercado. Según me informan los conocedoras, son más costosos. Ofrecen más, ofrece – es de imaginarse – un sabor dos en uno. Hay en eso algo de perverso, perdido y terminal que puede atraer a quienes, con paladares ya estragados, no sienten gran interés en acudir a una casa de masaje, donde, en un pequeño living, la cabrona pone a desfilar los tristes ejemplares de su catálogo. En los canales de televisión ya se bromea al respecto. Algunos dicen que un programa sin un maricón no puede obtener mucho “rating”.

Hoy la mujer joven de clase media para arriba dispone de muchas opciones. Puede sostenerse a sí misma, vivir su vida, dejar abiertas las opciones, viajar adonde le plazca. Joven soltera hace lo que quiere, sale con quien quiere, se acuesta con quien quiere y lo hace todas las veces que quiere.  Para satisfacer las necesidades de ese grupo ha nacido una industria entera. Los gimnasios encuentran en estas jóvenes parte esencial de su clientela, así como también los bares de modo donde celebran su happy  hours, los institutos para el aprendizaje de idiomas o de filosofía oriental, academias de baile, talleres literarios o de pintura, etc. Sostengo que esta realidad, ante la cual la beatífica estampa de “dueña de casa” ocupada de plancharle los calzoncillos al marido se parece más y más a un recuadro medieval de la Virgen y el Niño.

No hay ninguna duda que las llamadas tribus urbanas constituyen un fenómeno muy reciente. No tienen más de tres o cuatro años en su actual encarnación: Artesas, Punks, Skinheads, Pelolais, Veganos, Metaleros, Reguetoneros, Emos, Pokemones, Otakus, Góticos.

No representan necesariamente la sección más inteligente y luminosa de la población juvenil. Los cabros más listos rara vez se disfrazan de vampiros. Los chicos habilosos se preparan para la PSU, y sacan 600 puntos o más en vez de posar de skinheads. Los espabilados no deambulan con pantalones a medio culo mostrando el calzoncillo y/o la raja. En fin, hablan de corrido y se les entiende lo que dicen.

Chanta es por lo general el Flaite de la clase media emergente. Así de breve y simple. Con esto establecemos tanto lo que tienen de similar con el Flaite como lo que lo distingue. En modales y costumbres el chanta es un Flaite, pero se diferencia por su más alto origen de clase y sus pretensiones de escalamiento social. Esto implica un deseo NO de excluirse, separarse y rechazar agresivamente el sistema, como hace el Flaite, sino al contrario, de pertenecer a él.

El roto mala clase es un chanta del alma disfrazado de caballero. Para estos seres primero están ellos y su miserable lista de placeres y comodidades, segundo y tercero también. El disimulo le permite subir algunos peldaños y esquivar ciertos peligros; la mala clase, ya incontenible, se hace notar abiertamente cuando ha llegado adonde quería y no necesita cuidarse tanto. La roto mala clase es experta en traiciones y deslealtades, pero eso no se sabe sino cuando ya es muy tarde.

Gregorio Herrera Chacana

Gregorio Herrera Chacana
Espiritualidad y Energía

 

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